domingo, 30 de septiembre de 2007

LA FELICIDAD Y LA CIENCIA

¿Nos ayuda la ciencia actual a ser felices?

El naturalista Rupert Sheldrake dice en la solapa de su libro “El renacimiento de la Naturaleza” de 1991:
“Justo en la época del esplendor de las ciencias naturales, nuestra Naturaleza degenera tan rápidamente que se vislumbra la amenaza de su propia muerte. ¿Por qué nuestros enormes conocimientos científicos sobre la Naturaleza no la benefician? ¿Es devastada a pesar de los conocimientos o justo a causa de ellos, es decir, a causa de un error fundamental que les es inherente?”. Fin de la cita.

Sheldrake se pregunta qué falla en la ciencia actual para que no seamos capaces de conservar la Naturaleza.
No obstante, hoy día las ciencias tienen una gran reputación.
A principios del siglo pasado se llegó a creer que las ciencias habían alcanzado tal punto que apenas podían ofrecer nada nuevo.
Actualmente el deterioro del medio ambiente es tan alarmante y la desorientación de los seres humanos, tan obvia que hemos de admitir que ese nivel científico no era en absoluto tan alto.
Por otro lado seguimos confiando en que la ciencia nos muestre la esencia de las cosas y nos guíe.
¿Qué ha pasado? ¿Qué es lo que no funciona en la ciencia tal como la conocemos? ¿Por qué la gente suele reaccionar ante lo científico como algo que no va a entender, algo que le es ajeno?
Tal como decía Sheldrake, tiene que ser algo muy de base, ese error fundamental al que aludía.
El modelo que ha marcado el pensamiento científico hasta ahora está basado en la imagen del mundo de la física, que se ocupa exclusivamente del mundo material y mecánico.
No obstante, la realidad es más amplia.
El paradigma científico actual restringe su objeto de conocimiento a una parte de la realidad y deja sin respuesta cuestiones esenciales para la vida de las personas como, por ejemplo, el amor, la relación de pareja o la erótica, como, por ejemplo, la muerte o los sueños.
Los actuales hombres de ciencia dicen que estos temas y muchos otros no pueden ser objeto de estudio científico, que no son científicamente comprobables.
Sin embargo, estos temas afectan e interesan a todo el mundo.
La ciencia debería ocuparse de ellos y ofrecernos un saber ordenado que explique los hechos con términos claramente definidos que cualquiera pueda entender.
Si el objeto de la ciencia se amplía para abarcar toda la realidad, se hace verdaderamente útil y vuelve a contar con la confianza de las personas por estar al servicio de su felicidad y de su armonía con el medio ambiente.

¿Qué se le escapa a la ciencia actual?
En palabras del filósofo y científico suizo Walter Odermatt: “Los científicos convencionales se asemejan a quien busca orientarse con un mapa equivocado de la realidad y sin brújula. Por consiguiente, se equivocan por doquier y su enseñanza contiene errores que tienen que corregir constantemente. Estas constantes correcciones se disimulan designándolas como un gran progreso de la ciencia.” Fin de la cita.
Cuando vamos por un lugar desconocido, necesitamos un mapa correcto y completo de ese lugar, un mapa que muestre lo que está ante nosotros. También necesitamos una brújula para relacionar nuestra posición con el mapa y determinar nuestro destino.
Hoy día impera una imagen del mundo, un mapa de la realidad, que no está completo y que en parte es incorrecto.
Actualmente la ciencia no ofrece una imagen del hombre, una brújula que nos indique cuál es nuestra esencia y nuestra naturaleza como seres humanos.
Necesitamos una imagen del mundo y del hombre que sean correctas y completas y que guíen el pensamiento científico y la vida de las personas.
Necesitamos un saber estable en el que se pueda confiar.
Hoy día reina el prejuicio de que no se puede llegar a un conocimiento duradero. Eso ha desembocado en un relativismo total, nada puede ser permanente, todo va a ser corregido en el futuro. Y lo peor, se cree que así progresa la ciencia.
Refutar teorías no es un progreso, sino una pérdida de tiempo.
Si algo es verdad hoy, también lo será mañana. Lo que mañana se demuestra como falso, ya lo es hoy.
Hoy día el modelo de investigación científica parte de una pregunta como principio para la investigación. La pregunta depende de una respuesta provisional, la hipótesis: suponemos que esto es de ésta o aquella manera. Cuando la hipótesis resulta falsa, todo el trabajo de investigación es en vano, por muy serio y concienzudo que sea. Así, una hipótesis suele suceder a otra y no se llega a un conocimiento estable, a la verdad.
Las hipótesis son suposiciones y no deben enseñarse como saber.
El progreso de la ciencia es ofrecer un conocimiento sólido y duradero que nos ofrezca respuestas para entender el universo y orientación para ser felices y dirigir nuestras vidas.
La ciencia ha de crear saber en la investigación y trasmitirlo en la enseñanza.
Saber significa conocimiento de la verdad.
¿Y qué es la verdad?
Si lo miramos fríamente, la verdad es la coincidencia entre la afirmación y los hechos.
Debemos ser capaces de observar adecuadamente los hechos hasta tener una representación correcta de ellos. Después hemos de trabajar en la afirmación que hagamos sobre esos hechos para que lo que digamos sea cierto. A partir de ahí, la investigación se basa en una verdad y no en una hipótesis o suposición que quiere ser demostrada por la estadística o la probabilidad.
Pero poder describir un hecho es sólo la condición previa para poder explicarlo. Explicar significa que no sólo se conoce el hecho y la afirmación sobre él, sino también la conexión, el contexto.
Somos capaces de decir que este hecho tiene en el universo una conexión con otros y que su repercusión en ellos provoca a su vez otra repercusión. Es decir, ponemos el hecho en un contexto más amplio.

En el diario El País, el día 10 de Enero de 2007, se podía leer la declaración del físico teórico Michael Turner de la Universidad de Chicago: “Sabemos mucho del universo, pero no lo entendemos tanto”. Fin de la cita.
¿No será que a los científicos actuales les faltan conexiones para explicar el universo debido a la limitación de su imagen del mundo y de sus métodos de investigación?
¿No podría ser que la excesiva especialización de las ciencias actuales ha provocado una dispersión en la que nadie encuentra la visión general que lo conecte todo?
Hay que ampliar la mirada y tirar prejuicios.
Hay que volver a confiar en el espíritu humano capaz de hacer grandes conexiones.
El espíritu humano es capaz de reconocer no sólo las relaciones exteriores de las cosas, sino también las interiores.
Por ejemplo, si se investiga la vida, se obtendrá mucho conocimiento sobre las plantas, los animales y los seres humanos, ya que todos ellos tienen vida.
Cuando ese conocimiento sobre la vida incluye la conexión con el agua, es decir, la necesidad de agua que tiene la vida, y, además, que el agua almacena información, podemos llegar a una nueva conexión con el mundo de la conciencia y la vida interior que marca, controla y coordina la vida exterior.

Las conexiones son sorprendentes.
Este es un poderoso método de conocimiento.

Desde antiguo se ha dicho que el hombre es un microcosmos, un universo en pequeño. También se han diferenciado cuatro niveles en el universo: los minerales, las plantas, los animales y los seres humanos. Cada nivel contiene el anterior y añade algo nuevo.
Los minerales, el primer nivel, tienen sólo materia. Las plantas, además de lo mineral, tienen lo específicamente vegetal, la vida. Los animales tienen en sí lo mineral y lo vegetal y, además, lo específicamente animal, el alma. El ser humano, como último nivel del macrocosmos, alberga en sí lo mineral, lo vegetal y lo animal, pero, además, lo específicamente humano, el espíritu.
Por tanto, el hombre es un microcosmos, un reflejo del universo, lo específico de cada nivel del macrocosmos corresponde a una capa en el hombre.
El hombre tiene cuatro capas: cuerpo, organismo, alma y espíritu, reflejo de los cuatro niveles del universo.
El universo es un cosmos, hay una gran sabiduría en él.
Entre los cuatro niveles del macrocosmos hay un orden armonioso y una relación llena de sentido.
Cada nivel tiene su función particular y está dotado de todo lo necesario para cumplirla.
Los minerales son el material con el que está construido el mundo y el hombre, y, además, su combustible.
Las plantas transforman la materia de los minerales en algo vivo y producen frutos.
Los animales tienen materia y vida, pero además, tienen alma, es decir, se mueven y así contribuyen a la fecundación y expansión de las plantas.
Los seres humanos disponen de todo lo de los otros niveles, pero además, del espíritu. Su cometido es cuidar de que la semilla no sólo se mueva, sino que llegue al lugar correcto.
Con lo específicamente humano, el espíritu, podemos reconocer el orden en la Naturaleza y además intervenir en él, es decir, crear cultura.
El hombre tiene la misión de cuidar y cultivar la Naturaleza.

Esa intervención en la Naturaleza ha de ser un ennoblecimiento y no una degradación. Nosotros, los seres humanos, somos parte del cosmos y tenemos la responsabilidad de no convertirlo en un caos. Para ello necesitamos la sabiduría.
La sabiduría es más que saber.
El objetivo de la investigación científica no debe ser sólo el conocimiento, sino la sabiduría que surge al comprender las imágenes interiores, los arquetipos.
En el detalle podemos ver el todo.
En la semilla está el árbol desarrollado y en la planta pequeña vemos un estado dentro del desarrollo completo.
En el huevo, en la clara y la yema, está la imagen del pollo y también de la ave adulta.
Éste es otro poderoso método de conocimiento.

Es necesario un nuevo paradigma científico que esté guiado por la sabiduría.
La filosofía como ciencia es la enseñanza de la sabiduría.
La filosofía ha de guiar el pensamiento científico.
La base de la filosofía es una imagen del mundo que abarque toda la realidad y una imagen del hombre que explique su naturaleza como microcosmos y su esencia como imagen y semejanza de lo Divino.
El espíritu humano no sólo reconoce conexiones, también es capaz de crearlas nuevas.
Esa creatividad es fundamental para la cultura.
Esa fuerza creadora es una cualidad Divina.
De ese modo, nuestra intervención en la Naturaleza será sabia y no sólo la conservaremos, sino que la ennobleceremos y la haremos mejor, la recrearemos una y otra vez.
Nosotros formamos parte de la Naturaleza. Los seres humanos somos el último nivel, la corona de la creación.

Cuando aspiramos a la sabiduría, cuando somos capaces de reconocerla y actuamos en consecuencia, todo encaja, es un acierto pleno. Eso nos hace felices y nos enriquece interiormente.
Podemos dirigir nuestra vida y ser felices, si actuamos sabiamente.
La ciencia debe contribuir a ello.
La ciencia debe estar al servicio de la felicidad de los seres humanos.

Muchas gracias.

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